viernes, 25 de septiembre de 2009

COFRADIA DE TRINCONES

Desde siempre, hoy mas en desusó quizás, ha funcionado en el ámbito taurino el "sobre", que no era otra cosa que el precio que pagaba, o quizás aun paga el matador a ciertos críticos para que, o bien suavizaran el fracaso del torero o maximizaran el éxito.


Siempre funcionaba igual, el critico se presentaba en el hotel antes de la corrida en busca del mozo de espadas, este tenia unos sobres preparados para cada cronista, dependiendo el contenido de la importancia del medio para el que trabajaba el plumilla.

No todos los matadores se han prestado a esta practica, pero era usual el trafico de sobres en los hoteles.

Muchas anécdotas se han fraguado por esta practica, como la del maestro de San Bernardo Pepe Luis Vázquez el día que entro en la habitación del hotel el plumilla de turno a recoger "lo suyo". El matador le dio un sobre, el cronista dedujo por el tacto que dentro del sobre no había lo que esperaba y le dijo al matador:

Este dinero no es el mío

El del barrio de San Bernardo como un resorte se levanto de la cama y le arrebato el sobre de las manos mientras le decía:

Es verdad, este dinero no es el suyo, es el mío que me lo gano cada tarde jugándome la barriga

Pero no solo los de la pluma han trincado, la lista se hace muy, pero que muy larga, a saber:

En algunas plazas de toros, cuando el mozo de espadas o apoderado se hace presente en el callejón, casi al unísono se presenta el jefe de arrastre, que busca su trincaera por entretener a las mulillas por si hay petición de oreja.

Son muchas aun las plazas que tienen asesores trincones, si hay detalle, asesoraran al presidente para que sea generoso con el pañuelo blanco. Esta practica aun es muy habitual.

En una ocasión me comentaba un alguacilllo de una plaza de primera que tal torero era un ratero, le había entregado las dos orejas y no le habían dado nada, como si él hubiese contribuido en algo a que las cortara.

Hasta incluso el de la trompeta para los cambios de tercio quiere trincar para alargar el tiempo de los avisos si se producen.

Los trincones más representativos son los costaleros, se supone que el sacar a un torero a hombros es una espontaneidad del publico ante la buena labor del coletudo, pero nada de eso, los hay profesionales para este menester y si hay puerta grande no dejan acercarse a nadie y claro luego piden la compensación por el detalle de sacar a hombros al triunfador.

Demasiadas cuerdas para una guitarra.

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